- Izquierda, Jorge, siempre izquierda.
Salimos a hurtadillas, los pasos rápidos, firmes y precisos.
Sólo quería escapar de allí mientras me esforzaba por recordar cómo habíamos
dado con nuestros huesos en ese almacén enmohecido. No podía invocar ningún
recuerdo sólido, tan sólo impresiones. Pude sentir el tacto de la seda, el olor
familiar de su cuerpo, antes de que el cloroformo lo borrase por completo y,
después... Después la nada.
El sabor metálico de la sangre que emanaba del interior de
mi mejilla izquierda me indicaba que aquel viaje no había sido un paseo.
Mierda, el corte era profundo.
Y ahora sólo podía pensar en él. En sus ojos color miel. En
cómo yacía inerte en el suelo helado. Quizá le quise, ya no lo sé. Sólo sé que
el tiempo pasaba mientras me enredaba en sus pestañas. De todos modos, ya no
somos amigos. Ni mucho menos.
- Debe de ser el camino correcto, el aire no está tan
viciado y empiezo a tener frío – la voz de Jorge me sacó de mi estupor. Podía
sentir su sonrisa aun estando de espaldas.
Seguimos avanzando, seguros de la suerte que parecía estar
de nuestro lado, hasta que una pared vino a cortarnos el paso. Callejón sin
salida. Estupendo. Recorrimos cada milímetro de aquella pared con los dedos en
busca de una rendija que indicase alguna forma de escape. Nada.
Intercambiamos una mirada, sólo una bastaba para ver cómo el
optimismo nos abandonaba. Jorge parecía maldecir y rogar a un dios en el que no
creía. Y mientras yo quería llorar. A veces llorar me hace sentir mejor. Me
hace sentir como si hiciese algo al respecto.
Sentados en el suelo, nuestros ojos tropezaron con un hilo
de luz apenas perceptible, ascendiendo de inmediato hacia el techo. ¡Una
trampilla! Estábamos salvados. Ya sabíamos lo que teníamos que hacer.
- ¿A la de tres?
Trepé por la espalda de Jorge hasta ponerme de pie sobre sus
hombros.
-¡Agárrame bien! – Dios, parece más fácil en el Circo del
Sol.
Solté una mano de Jorge y palpé la puertecilla. Un empujón y
estaríamos fuera.
Una mezcla de esperanza y desolación me invadió. Estrellas.
¿Estrellas en Madrid? Imposible.
Lola
Lola