Un secreto que jamás debió ser contado ha salido a la luz.
Disfruta de cada línea hasta ser testigo del acogedor misterio que envuelve a Lola.

sábado, 14 de julio de 2012

Capítulo 7: Ni mucho menos


- Izquierda, Jorge, siempre izquierda.

Salimos a hurtadillas, los pasos rápidos, firmes y precisos. Sólo quería escapar de allí mientras me esforzaba por recordar cómo habíamos dado con nuestros huesos en ese almacén enmohecido. No podía invocar ningún recuerdo sólido, tan sólo impresiones. Pude sentir el tacto de la seda, el olor familiar de su cuerpo, antes de que el cloroformo lo borrase por completo y, después... Después la nada.

El sabor metálico de la sangre que emanaba del interior de mi mejilla izquierda me indicaba que aquel viaje no había sido un paseo. Mierda, el corte era profundo.

Y ahora sólo podía pensar en él. En sus ojos color miel. En cómo yacía inerte en el suelo helado. Quizá le quise, ya no lo sé. Sólo sé que el tiempo pasaba mientras me enredaba en sus pestañas. De todos modos, ya no somos amigos. Ni mucho menos.

- Debe de ser el camino correcto, el aire no está tan viciado y empiezo a tener frío – la voz de Jorge me sacó de mi estupor. Podía sentir su sonrisa aun estando de espaldas.

Seguimos avanzando, seguros de la suerte que parecía estar de nuestro lado, hasta que una pared vino a cortarnos el paso. Callejón sin salida. Estupendo. Recorrimos cada milímetro de aquella pared con los dedos en busca de una rendija que indicase alguna forma de escape. Nada.

Intercambiamos una mirada, sólo una bastaba para ver cómo el optimismo nos abandonaba. Jorge parecía maldecir y rogar a un dios en el que no creía. Y mientras yo quería llorar. A veces llorar me hace sentir mejor. Me hace sentir como si hiciese algo al respecto.

Sentados en el suelo, nuestros ojos tropezaron con un hilo de luz apenas perceptible, ascendiendo de inmediato hacia el techo. ¡Una trampilla! Estábamos salvados. Ya sabíamos lo que teníamos que hacer.

- ¿A la de tres?

Trepé por la espalda de Jorge hasta ponerme de pie sobre sus hombros.

-¡Agárrame bien! – Dios, parece más fácil en el Circo del Sol.

Solté una mano de Jorge y palpé la puertecilla. Un empujón y estaríamos fuera.

Una mezcla de esperanza y desolación me invadió. Estrellas. ¿Estrellas en Madrid? Imposible.


Lola