Un secreto que jamás debió ser contado ha salido a la luz.
Disfruta de cada línea hasta ser testigo del acogedor misterio que envuelve a Lola.

martes, 22 de junio de 2010

Capítulo 4: Huída

Salimos corriendo del baño, las caras de desconcierto de todos eran notorias y yo estaba alcanzando niveles de preocupación patológicos. Sin embargo, algo me llamó la atención sobre el resto. Lola estaba absorta en sus pensamientos, ajena al resto del mundo mientras tecleaba en su móvil. Me acerqué sin pensármelo dos veces y se lo quité de las manos, necesitaba llamar y rara vez el saldo de mi móvil era positivo. Marqué el número de Darío. Apagado. Todos mis presentimientos se estaban haciendo realidad…

Las sirenas me sacaron de mi estado de shock, alguien había llamado a la policía. El resto de la noche fue como el recuerdo de mi peor pesadilla.


8 días después…
Esa mañana había quedado con Leo para averiguar algo nuevo en la investigación de Darío, tal y como llevábamos haciendo una semana. La policía no avanzaba nada con el caso y yo empezaba a plantearme lo peor.

Me pasé toda la tarde tirado en la cama escuchando un CD que me había dejado Marta, el último de La oreja de Van Gogh, hasta que a eso de las 8 y media cuando la claridad empezaba a disminuir oí un golpe que me sacó de mi ensimismamiento. Algo estaba golpeando mi ventana. Me asomé sin saber con certeza qué encontraría hasta que… sí, su melena rubia brillaba bajo los rayos del ocaso. Bajé corriendo las escaleras sin entender qué hacía Darío bajo mi ventana, pero no me importaba. Sólo quería abrazarle, sentir que había vuelto. Cuando salí del portal le pude ver mejor, llevaba el pelo enmarañado y se le adivinaban unas ojeras bajo sus alegres ojos. Me acerqué corriendo y tras unos minutos de saludos le pregunté dónde había estado. Tragó saliva y rompió el silencio con una voz meditabunda, no era su voz juvenil de siempre.

- Jorge, verás…

Jorge

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