Un secreto que jamás debió ser contado ha salido a la luz.
Disfruta de cada línea hasta ser testigo del acogedor misterio que envuelve a Lola.

lunes, 21 de junio de 2010

Capítulo 3: Uvas y champagne

Amigos. Siempre están ahí. Responden a tu señal de socorro incluso antes de que empieces a trasmitirla. Es algo que se siente, algo visceral. Yo ya sabía que algo no marchaba bien, así que no me sorprendió que el móvil me despertase a altas horas de la madrugada. Avancé a tientas hacia el bolso, tropezando con cada objeto que se encontrase al alcance de mi pie descalzo, confundiendo el punzante dolor con las sacudidas nerviosas producidas por el frío y los presentimientos. Apenas descolgué pude percibir la entrecortada respiración de Lulú, trataba de decirme algo, sin embargo sus nervios le traicionaban y cada vez que articulaba una palabra completa, volvía a los balbuceos sin sentido.

- Lulú, ¿estás bien? Lulú, escúchame…

- Lola… Lola… Tengo algo que contar, y no sé por dónde ni por quién empezar… Lola… Esto… Creo que… Leo... Creo que es un secreto…

- Lulú, sabes que puedes confiar en mí…

- Sí, lo sé, pero… ¿Acaso lo sabes ya? ¿Leo te lo ha dicho? ¡Dime que no! ¡Dímelo!

- ¿Decir qué? Lulú, Lulú, ¿decir qué?

- Yo no sabía si… No quería… No iba a hacerlo… Pero…

- ¿Qué has hecho? ¡Por favor, dímelo! ¡Sabes que te ayudaré, sea lo que sea!

- Esto… - su respiración se normalizó bruscamente para dar paso a una voz segura- No importa. Es una tontería. De verdad. Ahora me reiría de mí misma.

- Lulú…

- Bah, estoy bien, ha sido una tontería, no tiene importancia, de verdad. Habrá sido por el estrés de los exámenes que ya no sé ni qué me pasa… Mañana tenemos que vernos todos y así celebramos el fin de… ¡El fin de exámenes! ¡Hasta mañana, Lola!

Colgó. No me dio tiempo ni a replicar ni a despedirme. Pero ahora la que no se encontraba bien era yo. Ahora la que necesitaba a un amigo era yo. Marqué el primer número que pude recordar.

- ¿Darío? ¿Te he despertado? Sé que es muy temprano, pero necesito hablar con alguien… ¿Podemos vernos?

- No, no te preocupes, justo acababa de despertarme. He quedado con Jorge en media hora, ¿nos vemos después? ¿Quieres que vaya yo para allá?

- No, no… Gracias, mejor voy yo a ver si me despejo un poco con el frío…


Uvas, champagne. Un pijama y una bata. Así llegué a la casa de Darío. Él ya me estaba esperando en la puerta con Rana al cuello. Apenas nos saludamos percibí el nerviosismo en él. Al parecer hoy ninguno de nosotros estaba bien. Subimos arriba, descorchamos el champagne y comimos uvas. Era algo que hacíamos siempre que necesitábamos hablar, algo que comenzó en una fiesta de fin de año. Era nuestro ritual del optimismo. Tras horas de risas, canciones y marujeo, todos nuestros problemas parecieron insignificantes. Realmente, las cosas parecen más importantes por la noche.


Bien entrada la tarde recibimos un mensaje de Lulú, nos esperaba abajo para la última salida, así pues salimos con todo nuestro repertorio de Disney y Moulin Rouge a encontrarnos con Jorge.

Una vez en el local, las carcajadas eran nuestro estribillo. Mientras desentonábamos cantando “Al amanecer”, noté la vibración insistente del móvil sobre mi pierna. Se me heló la sonrisa cuando reconocí la llamada entrante. No me lo esperaba. Era una llamada que llevaba seis meses sin esperar y ahí estaba el número, parpadeando insensible en la pantalla.

Lola

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